
Iñigo Sáenz de Ugarte / Guerra Eterna
El mensaje de despedida de Fernando Lugo ayuda a comprender algunas de las claves de su derrocamiento a través de un juicio político aprobado por el Congreso. El presidente paraguayo contaba con pocos apoyos entre los partidos de la oligarquía que han controlado la vida política del país en las últimas décadas, incluido los largos periodos en los que la defensa de sus intereses y el contexto internacional permitían el establecimiento de una dictadura. Cuanto más se acercó Lugo a esos grupos más cerca estuvo su destitución. El desencadenante de la crisis fue el nombramiento de un político del Partido Colorado como ministro de Interior. Ese gesto de supuesta apertura fue entendido como de debilidad. Colorados y liberales procedieron a dar las últimas puntadas legales a un golpe de Estado civilizado.
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Jean-Guy Allard
Tan grande es la confianza que reina entre Federico Franco, el presidente golpista de Paraguay, y la embajada de Estados Unidos en ese país, que Franco llegó a conversar de la oportunidad de derrocar a su presidente, Fernando Lugo, ya en el 2009. Lo revelaba meses después un texto de Wikileaks, donde un funcionario de Inteligencia de la sede diplomática refiere la conversación de Franco.
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Por Ricardo Ballón
Sorprende al mundo el golpe de Estado "constitucional" al presidente electo del Paraguay, Fernando Lugo, visto como el obispo de los pobres, y electo el 2008 a través de las urnas. Su triunfo democrático abría la posibilidad de poner fin a más de sesenta años de una corrupción enquistada en el Estado y sus fuerzas armadas, daba esperanzas a esa gran mayoría desposeída del Paraguay.
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Atilio Borón
Hace unos minutos se acaba de consumar la farsa: el presidente del Paraguay Fernando Lugo fue destituido de su cargo en un juicio sumarísimo en donde el Senado más corrupto de las Américas —¡y eso es mucho decir!— lo halló culpable de "mal desempeño" de sus funciones debido a las muertes ocurridas en el desalojo de una finca en Curuguaty.
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Salvador Camarena/México DF
En su recta final, la campaña presidencial mexicana se ha topado con un viejo conocido. Conforme se acerca la fecha de los comicios, el 1 de julio, el fraude electoral, o mejor dicho su fantasma, entra en escena. Esto no ha ocurrido de forma espontánea. Ha sido el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, quien revivió el asunto. Segundo en las encuestas, el ex jefe de gobierno del Distrito Federal y líder de la coalición Movimiento Progresista, ha declarado que se prepara un fraude para impedirle el triunfo. Como ocurre con todos los fantasmas, unos creen que el fraude es hoy imposible en México, pero otros aseguran que no tanto.
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