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Cosmética descolonizadora (Miscelánea palaciega 7)

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tribuna

Ricardo Aguilar*

Mayo 2019

Antes de que Luis Almagro, secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), diera a los bolivianos una cátedra monumental sobre el arte de la genuflexión, sucedió una variopinta miscelánea de eventos dignos de mención, entre ellos vale la pena detenerse en la sustitución de Félix Cárdenas, nuestro “zar” de la descolonización (valga la contradicción).

Si bien Cárdenas fue viceministro de Descolonización desde 2010, fungió en cargos políticos del Movimiento Al Socialismo (MAS) desde el día 1 del primer gobierno de Evo Morales, pues su ligazón a Evo Morales es muy anterior. Cárdenas incluso asumió la paternidad de Eva Liz Morales, ante la ausencia del padre biológico.

Muy posiblemente, nuestro “Julio César” de la lucha contra la colonización (valga la incoherencia) nunca se enteró de la crucial importancia de la tarea que debía realizar desde el Viceministerio de Descolonización y Despatriarcalización, pero al menos nos dejó un selecto menú de disparates de los que quisiéramos recordar un par.

Antes, sin embargo, hay que aclarar que el origen de estos absurdos —así como de todo error, incoherencia, impostura, falsedad y deshonestidad del Movimiento Al Socialismo (MAS)— es siempre una emanación de las actitudes, maneras de ser y hacer, de su líder Evo Morales.

Pasemos a uno de los primeros desatinos del héroe de esta historia, Cárdenas, nuestro Hernán Cortez de la descolonización.

Eran aquellos felices días de 2011 (salvo error hemerográfico) en que el MAS se encontraba holgado, sin gran necesidad de desviar la atención, como hoy, de sus narcovínculos y corrupciones que, aunque los había en abundancia, no amenazaban sus mayorías absolutas, ni su permanencia en el gobierno. Ese año se registró por primera vez lo que sería para Cárdenas una de sus dos obsesiones: descolonizar Bolivia a fuerza de regalar el libro Las venas abiertas de América Latina, del uruguayo Eduardo Galeano.

Esa fijación, por supuesto, es compartida hoy por el presidente Morales, quien (¡oh, casualidad!) también promueve la lectura de ese texto.

Por supuesto, ese libro es prescindible en cualquier contexto, más aún en uno descolonizador. Creer lo contrario sólo evidencia el poco conocimiento (o hasta ignorancia) de la tradición escrita boliviana que tiene decenas de autores de máxima relevancia para el país, para Latinoamérica y para el mundo.

La manía de Cáceres y Morales terminó por ser un desprecio a la cultura boliviana que se ha traducido en un gasto de recursos del Estado en imprimir tal título y regalarlo por doquier (en febrero de 2019 se realizó la última de esas dádivas).

Nuestros autores no son menores, pero claro, para enterarse de ello tendrían que haberlos leído…

Pero pasemos a otro dislate de Félix Cárdenas (“indio aymara en ejercicio”, si bien mirista en desuso).

Cuando Cárdenas, nuestro Goyeneche de la descolonización, no estaba intentando encarcelar a quienes osaron insultar a Morales, el exviceministro se la pasaba imaginándose a sí mismo rebautizando lugares (sobre todo plazas y calles), lo cual fue su segunda obsesión. Ese degradado acto adánico, cuya limitada ambición se reducía a una burda demostración de fuerza, no podía jamás alcanzar la utopía de renombrar el mundo.

En estas dos obstinaciones (cambiar el nombre de plazuelas y regalar el libro de Galeano por doquier) se puede resumir la totalidad del plan de descolonización del Viceministerio en cuestión du-ran-te ca-si nue-ve a-ños y párese de contar.

El proceso de descolonización es tan complejo como importante y no pasa por esos dos sinsentidos; pero, Cárdenas (nuestro Francisco Pizarro de la descolonización) consideraba que sí, que más importante que descolonizar era amenazar con desportillar nombres de calles; que más crucial que conocer a nuestros enormes autores bolivianos era regalar un libro de Galeano; que más urgente que establecer reformas escolares con verdadero enfoque descolonizador era rebautizar los espacios públicos; que más relevante que luchar contra el patriarcado (construcción eminentemente colonial) era encubrir un verosímil caso de trata y tráfico de mujeres en el Chapare.

Por supuesto, esa cosmética que deja intacta a la colonialidad es un reflejo de Evo Morales, quien hace unos días propuso cambiar las letras de vaya uno a saber qué himnos.

Además de tales daños inconmensurables a la descolonización, que ordena la Constitución Política del Estado, Cárdenas fue uno de los autores de uno de los más nocivos mecanismos de garantía de la impunidad y de la persecución del adversario: jugar la carta de la discriminación, la carta del racismo, cada vez que el obrar del Presidente era puesto en cuestión.

Si había indicios de tráfico de influencias que mancharan al Presidente y uno lo hacía notar públicamente, aparecía Cárdenas y te amenazaba con procesos penales por haber discriminado a Evo Morales; si se señalaba algún acto en desmedro de los bolivianos en que había una casi evidente responsabilidad del máximo mandatario y uno hacía la denuncia, te caía un juicio por racismo.

Estas inquisiciones son el peor y más dañino legado de Cárdenas: una carta blanca para la impunidad. En cuanto a la descolonización, nos deja haber hecho una caricatura de tan importante tarea. Sin embargo, hay que decirlo una vez más, el primer responsable del adefesio descolonizador, el verdadero Felipillo de la historia de la impostura ideológica del proceso de cambio, de la colonialidad ilesa, de la domesticación de la potencia de nuestra cultura convertida en folklore, de las oportunidades dilapidadas a cambio de poder como único fin, es por supuesto, quien todos los días recorre el país “regalando” espejitos y plastiquitos con el dinero público.

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