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¿Y ahora qué?

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¿Y ahora qué?

Terminaron los 50 días de bloqueo, se firmaron acuerdos, se terminaron de dañar las carreteras con enormes bloques de montañas dinamitadas, se aplaudió a una parte pueblo, se vilipendió a otra parte del pueblo, se dejó en la quiebra a muchas pequeñas y medianas empresas, se enterró a pacientes que fallecieron por falta a atención y medicamentos oportunos, se dejó a miles de estudiantes sin educación presencial, se gritó “ahora sí, guerra civil”, se aplaudió el “estado de excepción”, se afilaron palos para defender al eterno presidente… pero ¿y ahora qué?

Si bien muchos no creían que el bloqueo duraría casi dos meses, así fue; si bien muchos creían que Rodrigo Paz iba a renunciar a las dos semanas de bloqueo o al mes y más, no fue así; si bien muchos creen que todo se normalizará, está por verse, porque no será la primera vez que muchos acuerdos solo quedan en el papel: un claro ejemplo es el principal acuerdo nacional, la Constitución Política del Estado (CPE), que supuestamente tras su aceptación por la mayoría los constituyentes y por el voto mayoritario de la ciudadanía, iba a ser el documento único para lograr la convivencia democrática, el respeto y la subordinación a las leyes. Sin embargo, ni siquiera los principales impulsores de la Constitución Política del Estado —Evo Morales y su gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS)— respetaron sus principios y normas, pues desconocieron la voluntad popular expresada en el referéndum del 21F del 2016, gobernaron un tercer período considerado ilegal por diversos sectores y por la misma CPE y buscaron prolongar su permanencia en el poder mediante la habilitación para un cuarto mandato.

¿Se cumplirán los acuerdos esta vez? ¿Cuánto credibilidad más nos quedará para confiar en las promesas electorales? ¿Quién responderá por las pérdidas cuantiosas a los cientos de emprendedores que quebraron o a quienes están a punto de hacerlo? ¿Qué políticas públicas se implementarán para reducir el racismo, el odio, la revancha alimentada durante 20 años y exacerbada en estos últimos meses? ¿Cómo se reactivará la economía sin dañar más a los sectores empobrecidos? ¿Serán sancionados los delitos cometidos o quedarán en la impunidad al ser tipificados como simples errores?

Lo único cierto es que el tiempo perdido no se lo podrá recuperar; sin embargo, aún tenemos esperanza por tener un país mejor: con ciudadanos capaces de respetar las normas, ser tolerantes, colaboradores y solidarios; un país donde se respeten los derechos humanos y las libertades democráticas, donde la justicia actúe con independencia se sujete a las leyes; un país con oportunidades donde haya fuentes de trabajo con salarios suficientes para vivir dignamente.

Los bloqueos terminaron, pero las consecuencias permanecerán por mucho tiempo en la economía, la educación, la salud y la convivencia entre bolivianos. Ahora corresponde dejar atrás la confrontación y asumir la responsabilidad de reconstruir el país desde el diálogo, el respeto y el cumplimiento de las leyes. El futuro dependerá no solo de las autoridades, sino también de cada ciudadano. Aunque el panorama sigue siendo incierto, no podemos renunciar a la esperanza.

Sí, esperamos que todo mejore y que Bolivia encuentre el camino de la unidad, del reencuentro, la estabilidad y el progreso.

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