
Editorial Aquí 360
En estas tres semanas de conflicto Bolivia atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. La crisis económica, la confrontación política y el creciente descontento social generaron un escenario de incertidumbre que golpea diariamente a la población, especialmente de La Paz.
Mientras las calles se convierten en espacios de protesta y tensión, la ciudadanía enfrenta la escasez, la inseguridad y el desgaste provocado por la falta de acuerdos entre quienes gobiernan y quienes exigen respuestas. El país parece avanzar hacia un punto crítico donde la polarización amenaza con profundizar aún más las heridas sociales y poner en riesgo la estabilidad nacional.
Las protestas que empezaron el primero de mayo con varios motivos, como la abrogación de la Ley 1720 de reconversión de tierras, la escasez de combustibles, la falta de soluciones al daño ocasionado por los combustibles “basura”, el pedido de mejoras salariales, entre otros, han derivado en una sola demanda: la renuncia del presidente.
Los movilizados en las calles, sin líderes visibles, pero con consignas claras aunque subterráneas, tienen como objetivo provocar a las fuerzas del orden y cansarlos hasta que se produzca una reacción extrema, más de la que ya hubo, con el fin último de buscar victimas entre ellos, las que pueden ser producto de la excesiva fuerza de los uniformados, pero también puede ser provocada por los mismos movilizados, ya que no hay que olvidar que el robo de armamento militar es una realidad, armas con las que siniestros manifestantes pueden victimar a ingenuos manifestantes, actos que solo podrán ser demostrados si los autores son encontrados y confiesan; mientras tanto, la opinión pública no dudará que la persona con un proyectil de uso militar fue victimada por un uniformado de las Fuerzas Armadas o de la Policía Nacional.
¿Cuánto más resistirá la población no movilizada, pero sí indignada, por la falta de seguridad, por la escasez de artículos vitales de primera necesidad, por falta de insumos médicos, por el abuso de “revolucionarios” que atentan contra la integridad de ciudadanos comunes y sin poder?
Es un hecho de que las autoridades gubernamentales no pueden conversar con ningún líder de los sectores movilizados, porque éstos o están clandestinos o no existen, además ya los descalificó el Presidente, con apelativos denigrantes asegurando que con ellos no habrá negociación; entonces, el único líder visible es el ex presidente atrincherado en el Chapare, con quien tampoco dialogará el gobierno porque éste ha sido declarado en rebeldía al no presentarse a un juzgado, en Tarija, para demostrar su inocencia por la acusación que tiene de presunta trata agravada de menores.
Por los más de 46 puntos de bloqueo en el país, sobre todo en el occidente, a la fecha hay cuatro fallecidos por falta de atención médica oportuna y pone en riesgo la vida de muchos pacientes por la ausencia de insumos médicos; asimismo, la economía familiar está agotada por el alza de precios de artículos de primera necesidad y la ciudadanía está indefensa ante la violencia de algunos manifestantes.
En este panorama incierto, algunos sectores esperan la sucesión presidencial del vicepresidente Lara, tras la renuncia del presidente Paz Pereira, situación que supuestamente calmaría la convulsión ya que la victoria electoral deese binomio se debe a que gran parte de los actuales movilizados votaron por el expolicía.
Esperamos desde este medio que la situación actual no termine con víctimas, que siempre son de los sectores más vulnerables, que se rectifiquen los errores gubernamentales y se alcance a acuerdos razonables y realizables con los sectores que con derecho están reclamando sus legítimas demandas.
La vida es única y no merece ser sacrificada por la ambición enferma de exautoridades que con falsas posturas izquierdistas e impostura no resolvieron en veinte años la ancestral dependencia del país, la crítica sobrevivencia de cientos de miles de ciudadanos que viven el día a día en la informalidad; pero eso sí: despilfarraron recursos que como nunca tuvo antes Bolivia, favorecieron a algunos sectores pudientes (agroindustriales, banqueros, cooperativistas mineros, cocaleros).
En medio de esta crisis, es imprescindible que el Estado boliviano actúe en estricto apego a la Constitución Política del Estado, garantizando el respeto a los derechos fundamentales, la seguridad de la población y el ejercicio democrático sin excesos ni abusos de poder. Del mismo modo, los sectores movilizados deben comprender que ninguna demanda legítima puede sostenerse sobre la violencia, el miedo o el atentado contra la vida y la integridad de otros ciudadanos.
En Bolivia se necesita que prevalezca el respeto mutuo, la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de soluciones pacíficas, evitando más dolor y reconstruyendo la convivencia entre las familias bolivianas.