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Masistas pretenden ganar elecciones del 3 de mayo con votos de la tercera parte de los bolivianos

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Editorial de Aquí 301

Los masistas están seguros de que ganarían las elecciones del 3 de mayo próximo, en la primera vuelta y cuando menos con 10 puntos porcentuales respecto del segundo candidato o de la segunda candidata más votado/da. Los más optimistas que apoyan al binomio Arce-Choquehuanca creen que conseguirían más del 50 por ciento de los votos en aquella consulta.

Las normas electorales, herencia del régimen derrotado el año pasado por un alzamiento popular, favorecen a los candidatos masistas.

Una de esas normas se la señala en el párrafo precedente: que Arce-Choquehuanca serían elegidos si logran aquella diferencia en su favor, es decir, con 10 puntos porcentuales, ante el oponente o la oponente, reiteramos.

Según la encuesta de la empresa Mori (la última conocida en el país), con el 33 por ciento de las preferencias, triunfarían los masistas, sumados los votos en blanco, los que también les beneficiarían, por mandato de la legislación que regula el proceso electoral en curso.

Aquella legislación incluso ayudaría a los candidatos masistas, aunque los que sufraguen en blanco, con esos votos rechacen a las elecciones y a los candidatos.

Esa misma ley de elecciones facilita la nominación de más candidatos campesinos a la Asamblea Legislativa Plurinacional y con menos votos que los candidatos a diputados que postulen en las ciudades. Esa norma ayudaría al MAS porque este partido contaría con mayor respaldo en el agro, a pesar de que allí (en el campo) son menos los electores respecto de los votantes que viven en las ciudades.

En otras palabras: en el campo se necesitan menos votos, que en las ciudades, para elegir diputados. Esa es otra ventaja para los masistas.

A esas gangas para el masismo se tendrían que añadir las formas de fraude electoral que podrían intentar los que, durante 14 años, lo que más han hecho ha sido votar, aplaudir-halagar a Morales y hacer fraude electoral o encubrirlo.

En una nota anterior nos hemos referido a esas formas de fraude, las que ahora las reiteramos sin detalles:

—Quizá con los carnets de identidad (doble) regalados por los masistas, electores no depurados, votarían más de una vez por Arce-Choquehuanca.

—En los lugares sin control, los masistas y/o sus amigos anotarían los votos de otros candidatos, para los nombrados Arce-Choquehuanca.

—Los masistas antes compraron votos directa o indirectamente, con plata o con regalos. Lo uno y lo otro lo harían de nuevo o ya lo están haciendo. Tienen plata para esa compra-venta tramposa.

—El miedo que infunde el masismo entre ciertos electores es verificable: aquéllos aseguran que lo que alcanzaron con Evo Morales, aunque sólo haya sido personalmente, lo perderían, así como acabaría lo que alcanzó Bolivia, aunque cada vez está más claro que lo que se sumó en esta tierra no es tal o que los llamados cambios costaron mucho al país o fueron ejecutados con dinero prestado, el que los bolivianos pagaremos.

Esas formas posibles del fraude que intentarían los masistas no sería fácil descubrir, pero se lo debe intentar.

—Es cierto que jamás se debe olvidar la manipulación dolosa de los resultados de las elecciones del 20 de octubre del año pasado, argumento central por el que fueron anulados esos comicios.

Actualmente, las encuestas más favorables para los masistas les dan a éstos la tercera parte de los electores bolivianos, es decir, se trata de lo que Morales llamó varias veces el voto duro con el que hizo lo que quiso durante sus mandatos constitucionales y anticonstitucionales.

De acuerdo a las encuestas citadas, ante tres candidaturas con apoyo de 18 por ciento, 16 por ciento y 8 por ciento (a Mesa, Áñez y Camacho), las posibilidades de victoria electoral de los masistas los lleva a ellos a cantar el éxito antes de obtenerlo.

Además, los masistas y, en primer lugar, su jefe Morales, si pierden el 3 de mayo, es probable que rechacen ese resultado para lo que denunciarían un fraude electoral inexistente, a lo que sobrevendría una demanda de auditoría, la que pedirían que la presida el Papa Francisco.

En este momento, los masistas se comportan como electoralistas o lo contrario.

Una señal de lo dicho es lo que han representado los parlamentarios masistas, cuando han dicho que ellos han viabilizado la convocatoria a nuevas elecciones y al frente de esa representación se inscribe la amenaza de Morales de tramar un golpe de estado, con sus amigos de uniforme, a los que definió como militares patriotas, al estilo de Kalimán, se podría anotar.

Otro comportamiento que a los masistas los muestra desnudos es lo dicho por una diputada cocalera: que la coronavirus ha sido provocada por los yanquis, que la pandemia de alcance mundial es un invento de la derecha y que aquélla, politizada, sirve para que los gobernantes bolivianos persigan a los masistas del Chapare.

A esas declaraciones se debe agregar la renuencia de aquellos cocaleros a ejecutar las medidas dispuestas por gobernantes de distintos niveles contra la coronavirus en el país.

Lo probable, también, es que hubo masistas, entre los pobladores de El Alto, que restaron su participación en la campaña contra la pandemia.

Asimismo, seguimos sospechando que hubo masistas entre los cruceños que se opusieron a que la hospitalicen a la compatriota infectada con coronavirus y que llegó desde Italia a San Carlos, norte de Santa Cruz.

Según el discurso público, los masistas se suman a la causa para derrotar a la pandemia, pero clandestinamente, otros masistas de manera encubierta, mienten o buscan desinformar respecto de la campaña anticoronavirus que ocupa a la humanidad. Los masistas, en realidad, se comportan electoralistas o golpistas,

Esa conducta se observa entre los exgobernantes estos días: a ocultas, algunos masistas son contrarios a las medidas para vencer a la coronavirus y la mayoría de ellos aparentan que son de la causa universal y boliviana que lucha para sepultar a la pandemia que enferma a muchos y que, hasta el cierre de esta edición, acabó con la vida de más de 10 mil personas y que desencadena una crisis económica cuya gravedad ya se la siente.

Y como si los masistas vivieran solos en el mundo y en Bolivia, quieren elecciones el 3 de mayo, porque están seguros de ganarlas.

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