
Editorial Aquí 361
El impase al que hemos llegado, iba a llegar tarde o temprano, porque el masivo voto —instruido desde el Chapare— que recibió a Rodrigo Paz en las últimas elecciones no fue gratuito: los dirigentes de las organizaciones agrarias, cocaleras, de cooperativas mineras más los burócratas sindicales que durante el régimen masista tuvieron su cuota en las instituciones estatales, ahora con el nuevo gobierno quedaron excluidos de esos privilegios, situación que no soportarían indefinidamente.
Pero, como anillo al dedo, ese malestar coincidió con las medidas que tomó el gobierno en favor de agroindustriales, potentados de grandes fortunas, a lo que se añadió la importación de malos carburantes y la escasez continua de estos, suficientes motivos para que los antes privilegiados amenacen primero con reclamos sectoriales, hasta finalmente dar un ultimátum: ¡Qué renuncie el Presidente!
La crisis económica, política, social, judicial e institucional actual es el resultado de los 20 años de las acciones del Movimiento al Socialismo, caracterizadas por la desinstitucionalización, el despilfarro, la corrupción, las que están pendientes de ser investigadas, porque no es posible que no quede nada después de tantos años de bonanza gracias a los precios altos de los hidrocarburos en el mercado internacional y no a la administración de los regímenes de Morales y Arce, porque administrar no es meter la mano a una billetera llena de dinero para gastar y gastar hasta que quede vacía, y luego tomar la del vecino (como lo hicieron con los fondos de los jubilados) para seguir gastando… y de yapa, muy satisfechos con sus hazañas, echaron mano de la reservas internacionales y luego revendieron el oro en lugar de incrementar el stock de reservas.
¿Quiénes se beneficiaron de la bonanza de los primeros 14 años del masismo? Muchos dirigentes de los movimientos sociales, unos con cargos jerárquicos en instituciones estatales, otros involucrados en millonario desfalco al Fondo Indígena; los cooperativistas mineros —en realidad empresarios mineros—recibieron en calidad de donación perforadoras, compresoras, retroexcavadoras, volquetas, ambulancias, además de gozar con unos impuestos bajos; varios empresarios de la construcción con la adjudicación de numerosas obras con costos millonarios, algunas de ellas mal construidas o abandonadas sin ser concluidas; los cocaleros amasaron fortunas y aún no pagan ni un centavo por su producción de coca; también los agroindustriales se favorecieron con normas que legitimaron tierras ilegalmente deforestadas con lo que se amplió la frontera agrícola en detrimento de las áreas protegidas, con el fomento a la producción de biocombustibles antes que a alimentos a partir de la autorización para la introducción de soya transgénicamente modificada… no en vano bailaron con el gobernante cocalero a quien, un sector de ellos, le regalaron un caballo de raza; los banqueros quintuplicaron sus ganancias de 50 millones de dólares que tenían el año 2006 llegaron a más de 300 millones el 2019.
De todos estos sectores beneficiados durante los gobiernos del MAS, solo los agroindustriales y banqueros no están en los bloqueos, porque ellos siempre estuvieron muy bien en todos los gobiernos; pero, el grueso de los que hoy bloquean lo hacen por obligación, por disciplina sindical, por obediencia comunal, porque el control interno y social dentro sus organizaciones es implacable, cuyas sanciones por desacato puede llegar hasta la expulsión de su comunidad y la pérdida de sus propiedades, incluidas sus parcelas de terrenos.
El gobierno hasta ahora ha jugado al desgaste contra la medida de presión, previendo el cansancio de los bloqueadores; pero, éstos tienen la capacidad de relevarse en los puntos de la protesta, por turnos, aunque muchos de ellos se vean también perjudicados porque los productos agrícolas que en esta época deben cosecharse, ya que su economía del día a día solo depende de los ciclos agrarios, hoy no pueden ser comercializados, lo que significa una autoinmolación y el empobrecimiento a corto plazo.
Contentarse con corredores humanitarios esporádicos es aceptar que los bloqueos continúen indefinidamente, postergando de esa manera el derecho humano a la libre circulación que debe ser para todos y con mayor razón para los que necesitan asistir a centros de salud.
Uno de los argumentos que enarbolan los que lideran el bloqueo para que renuncie Rodrigo Paz es que el gobierno actual se alineó al imperio estadounidense, aunque no quieran reconocer que el pasado régimen estuvo alineado a otros imperios, como el chino, el ruso. De todas formas, es evidente que el gobierno de Paz se adhirió al llamado Escudo de las Américas, propiciado por Trump, por lo que claramente el gobierno boliviano está en el grupo de Milei, Bukele, Noboa, Kast… Sin embargo, lo que no quieren recordar los bloqueadores es que la libre contratación o flexibilidad laboral siguió vigente, como también la irracional explotación capitalista minera con la consiguiente depredación del medioambiente por los llamados cooperativistas en alianza con capitales extranjeros, características que evidencian que el neoliberalismo que se mantuvo durante los años que gobernó el MAS.
Hay reivindicaciones justas que merecen ser atendidas, pero éstas, en un estado democrático y de derecho, deben ser atendidas por las instituciones respectivas, con la vigilancia de los legisladores que además de legislar deben fiscalizar por ser los representantes de los ciudadanos que los eligieron; asimismo, instituciones como la Contraloría, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo están llamadas a controlar a todos los ciudadanos, gobernantes y gobernados, de modo que si hubiera irregularidades el área judicial debe encargarse de determinar la sanción. Estas son las instancias que, supuestamente, en este nuevo periodo histórico deben actuar, lo que no sucedió plenamente en los pasados 20 años.
Los que están impulsando las movilizaciones no son ejemplo de honradez, pues durante 20 años han hecho gala de abuso del poder, corrupción e incluso inmoralidad, pasado que los descalifica como abanderados de los derechos del pueblo.
Frente a este impase en el que nos encontramos, no se debería permitir que por los intereses de unos pocos desplazados del poder que insisten en continuar intransigentemente las movilizaciones y por la parálisis gubernamental, se llegue a una confrontación fratricida donde las víctimas no serán precisamente los líderes de los bloqueadores ni los que dirigen el gobierno, sino los ciudadanos comunes.