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Violencia social contra personal de salud

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Rafael Puente

viernes, 29 de mayo de 2020

La pandemia del coronavirus es evidentemente preocupante y no nos puede dejar indiferentes. Tenemos que actuar (individual y socialmente) teniendo en cuenta ese peligro, y ahí entran los decretos de confinamiento (muy difíciles de asumir por parte de mayoritarios sectores sociales que viven de su trabajo en la calle), y cada ciudadano/a deberá calcular hasta dónde puede cumplir esos decretos y cómo hacer para evitar peligros de contagio.

Y parece normal que también las organizaciones sociales tomen medidas y, por supuesto, es imprescindible la participación y la vocación de médicos y enfermeras (que ahí están, conscientes de que arriesgan su propia salud) para aliviar las consecuencias de la pandemia.

Lo que no se puede aceptar es que en medio de la pandemia nos olvidemos de un valor tan importante como la solidaridad, tanto con los enfermos y enfermas, como con el personal de salud, que está haciendo lo que puede dentro de las limitaciones que siempre ha padecido y sigue padeciendo su ministerio (limitaciones que son desgraciadamente históricas en nuestro país y que los últimos gobiernos no han podido ni querido superar).

Lo que no se puede entender, y pone a la vista una grave limitación de nuestra sociedad civil y sus organizaciones, es que el pánico a la pandemia nos lleve a maltratar y agredir precisamente a ese personal de salud que, encima de las desventajas estructurales que padece su sector, tienen que arriesgar ahora su propia seguridad. 

“No sólo tenemos que lidiar contra la pandemia del coronavirus, sino también contra las agresiones de grupos delincuenciales”, dijo en días pasados un miembro de ese gremio.

Se ha sabido de numerosas agresiones (incluyendo el uso de insultos, de piedras y hasta intentos de linchamiento) contra médicos, enfermeras y laboratoristas que, cumpliendo su compromiso profesional, están arriesgando su propia salud para prestar un servicio social. Y no se trata de casos aislados, sino de una práctica extendida en por lo menos seis departamentos…

El caso más patético es el de Caranavi, de donde el Sedes tuvo que retirar a 39 profesionales por falta de garantías y después de días de angustia. Cierto que luego los dirigentes vecinales pidieron perdón a las víctimas de tal agresión, pero lo que sigue siendo preocupante es la actitud de las comunidades y OTBs que deberían más bien agradecer ese servicio.

Algo similar ocurrió en El Alto, donde médicos y enfermeras fueron apedreados/as cuando subían a los buses en que se trasladaban. Se ha sabido de más de 15 ataques similares en diferentes lugares, como el linchamiento de un profesional de salud en Villa Israel (Cochabamba). Peor aún en Eucaliptos (Oruro), donde no sólo agredieron a los galenos, sino que los obligaron a revelar los nombres de las personas contagiadas y exigieron un informe (mentiroso) de que en dicho municipio no había el virus…

En Rurrenabaque llegaron a desalojar a un grupo de trabajadores de salud ¡porque “no era admisible que se alojaran en un lugar céntrico”!

¿Realmente es éste el sentimiento de solidaridad y convivencia social que tenemos en la sociedad boliviana? ¿Es así como podemos luchar juntos contra el coronavirus? ¿Tiene algún sentido el maltrato al personal de salud (que arriesga la suya por la nuestra)? Hay lugares donde se ha tratado a los enfermos como delincuentes, y eso no solamente es ignorancia (que ya sabíamos que abunda, no vamos a hablar ahora del desastre de nuestro sistema educativo), sino que a la ignorancia se suma una especie de egoísmo ciego, convencido de que cada uno tiene que cuidarse a sí mismo.

Chau comunidad, chau solidaridad, chau organizaciones sociales. ¿Y es así como pretendemos defendernos de una pandemia mundial?

No, señores y señoras, la única defensa eficiente contra cualquier pandemia requiere en primer lugar de solidaridad, solidaridad preventiva con las personas que no se han contagiado, y solidaridad mayor aún con las que sí se han contagiado (y solidaridad no implica dejar de cuidar la salud propia, que además es parte de la salud general). ¿O no lo cree usted?

*Es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba

(Publicado en el periódico Pagina Siete el 29 de mayo de 2020)

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