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Se nos fue Cuetillo, Jorge Cueto Arias, camarada y compañero de vida

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Yuri Aguilar Dávalos*

La vida es tan corta que muchas veces no tomamos conciencia del tiempo que podemos dar y disfrutar con personas que tenemos cerca y que queremos, del tiempo que podemos compartir ellas. Es posible que muchas veces privilegiemos las múltiples actividades que desarrollamos en vez de darnos un poco de tiempo ante el llamado, en bajo volumen, de quienes quieren compartir el suyo, sin saberlo (ni nosotros mismos) de que ese encuentro sea el último encuentro.

 

El pasado miércoles 1 de junio, una de esas personas, Jorge Cueto Arias, más conocido como Cuetillo, con quien hemos compartido nuestros tiempos en los últimos meses, se fue intempestivamente. Sufría las secuelas de un atraco cobarde (como todo ataque de delincuentes), ocasionado en octubre pasado, luego de asistir al agasajo de un amigo suyo. El daño neurológico sufrido le disminuyó la movilidad del brazo y pierna izquierdos, sobre todo del primero; pero, tras una intervención quirúrgica y las consiguientes fisioterapias, mejoró aunque no como esperaba, ya que el restablecimiento a lesiones del sistema nervioso (eso le dijeron los especialistas) es lento.

Lo conocí a Cuetillo en el antiguo Ministerio de Planeamiento, aunque ya antes en la Universidad Mayor de San Andrés, entre el 77 y el 82 del siglo pasado, compartimos espacios y objetivos en la lucha contra la dictadura fascista de Banzer, en la recuperación de las libertades democráticas, y nuevamente resistiendo a los militares golpistas (el de Natusch Busch en noviembre del 79 y el régimen narco-fascista de García Meza y sus seguidores entre julio del 80 hasta octubre del 82).

Durante la dictadura de García Meza sufrió persecución, prisión y tortura; pero su fortaleza ideológica le permitió aguantar el maltrato físico y psicológico sin delatar a nadie. "Ante los vejámenes e interrogatorios que me infringían los agentes de Ministerio del Interior sólo les decía que era un creyente religioso, y lo hacia una y otra vez", me comentaba riéndose, así se mofó de sus carceleros que no lograron doblegarlo.

Esas torturas le costaron mucho tiempo de sobresaltos y de recuperación. Cuando ya salió libre y aún luego de que cayó la dictadura "no podía dormir —me decía— y salía al amanecer a correr desde el centro de la ciudad de La Paz hasta la zona sur, a fin de sobrellevar y superar las secuelas del terrorismo de Estado sufrido; era una terapia propia contra la tortura."

También tuvo su tiempo de librero, traía de Argentina y el Perú bibliografía especializada sobre política, sociología, economía, historia y otras disciplinas sociales; pero, en uno de esos viajes de regreso del sur, fue detenido y acusado de subversivo por efectivos militares, quienes luego de intensos interrogatorios sin demostrar las falsas acusaciones le decomisaron sus libros, legalmente importados, con lo que perdió todo su capital.

Tras de la caída del régimen dictatorial, en octubre del 82, cuando se instauró el gobierno de La Unidad Democrática Popular (UDP), resurgió un movimiento reivindicativo entre los empleados públicos que databa de los primeros años de la Revolución del 52: la sindicalización de los empleados públicos. La agitación propia de etapas que siguen a períodos de restricción, más la politización de sectores sociales impulsada por partidos que buscan la revolución social, consiguió que formaran en casi todas las reparticiones públicas, sindicatos de trabajadores del Estado que se agruparon en federaciones departamentales y luego en una confederación nacional. El gobierno de entonces, una coalición entre la socialdemocracia del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), el nacionalismo de izquierda del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI), el Partido Comunista de Bolivia (PCB) y otros grupos progresistas rechazaron la sindicalización de los trabajadores estatales, reivindicación legítima, porque el empleador, el Estado, cuando son retirados, no les reconoce sus derechos laborales, como el desahucio e indemnización por el tiempo trabajado.

Esa demanda se persiguió desde el sindicato de trabajadores del Ministerio de Planeamiento, donde con Cuetillo éramos dirigentes, junto a otros compañeros de varios ministerios. Lamentablemente las protestas desarrolladas (marchas, paros, huelgas de hambre...) no lograron hacer comprender a los jerarcas de la UDP esa necesidad laboral, reivindicación que tras elecciones generales, el nuevo gobierno de derecha (agosto del 85), una coalición entre el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y la Acción Democrática Nacionalista (ADN) —el fascismo disfrazado de demócrata dirigido por el ex dictador Banzer—, aplastó a los sindicatos de trabajadores estatales y despidieron a la mayoría de los dirigentes y, al año siguiente, el neoliberalismo impuso la liberalización del régimen laboral, la "relocalización" (el despido) de trabajadores mineros y otras medidas de libre mercado a través del D.S. 21060.

Fue también en el período de la UDP cuando hubo movilizaciones gigantescas de la Central Obrera Boliviana (COB), por mejoras salariales, entre otras demandas, ocasión en la que los trabajadores mineros "tomaron" la sede de Gobierno. Esa movilización, en la que también participamos desde el sindicato los empleados públicos, se la conoce como las Jornadas de marzo del 85.

Desde ese año hasta comienzos de la década del 2000 tuvimos un largo paréntesis con Cuetillo, y tras el reencuentro compartimos criterios sobre el acontecer nacional, cada cual desde sus ocupaciones. El neoliberalismo seguía actuando y enfrentando movilizaciones populares en el campo y en la ciudad, hasta que el 2002 hubo un cambio en la política nacional: un partido con una base principal de cocaleros del Chapare, el Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por Evo Morales, obtuvo el segundo lugar en las elecciones generales. El espaldarazo final le dio, paradógicamente, el embajador estadounidense, Manuel Rocha, quien en una concentración en el Chapare recomendó no votar por Evo, por las implicaciones que habría en las relaciones con el país que representaba, de ganar esa fórmula; pero, el resultado fue catastrófico para el imperio, pues muchos que nos negábamos a votar en ese sistema de democracia a medias, votamos por esa fórmula.

Estos y otros temas compartíamos con Cuetillo, con un halo de esperanza en que el nuevo partido y su líder darían un nuevo rumbo en el quehacer político, aunque sin dudar de las limitaciones de un movimiento tan heterogéneo como el MAS, así como acerca de su extracción de clase.

Luego el MAS ganó abrumadoramente las elecciones del 2005, y los sucesivos plebiscitos que reafirmaron la preferencia de la mayoría de los votantes por la nueva opción que decía que no haría, en su gobierno, lo que antes hicieron otros gobiernos nacionalistas, fascistas y neoliberales... Esos, principalmente, eran los temas que debatíamos con Cuetillo. Nuestra formación ideológica nos hacía ver las debilidades de ciertas medidas que se tomaban; pero cuando era preciso, aplaudíamos las que suprimían privilegios y prácticas del viejo sistema "democrático".

En los últimos siete años, si no me equivoco, como sociólogo que era, estuvo trabajando en el Fondo de Desarrollo del Sistema Financiero y de Apoyo al Sector Productivo (FONDESIF), desde donde se ejecutó el Programa de Apoyo al Desarrollo Turístico Sostenible de Bolivia, lo que posibilitó la participación de comunidades campesinas en la prestación de servicios turísticos, como una nueva alternativa a sus tradicionales actividades productivas, en destinos de magnitud mundial, como es por ejemplo el Salar de Uyuni...

También dirigió, a mediados del 2009 y como consultor, el proyecto: "Desarrollo de la Ruta Turística del Che", realizado con la Prefectura de Chuquisaca, trabajo concentrado en el Municipio Vaca Guzmán, Muyupampa. En esos meses, la Gobernación de Chuquisaca y el Municipio de Villa Vaca Guzmán, en base a la propuesta diseñada, tenían previsto licitar la construcción del Centro de Interpretación Turístico de la Ruta del Che en la guerrilla del 66 al 67 en el chaco chuquisaqueño.

Cuetillo fue insobornable, como dijo Jimmy Iturri en su columna de un periódico local, lo que le valió ser expulsado del Partido Obrero Revolucionario (POR) sin que por ello se haya convertido en un renegado, más al contrario, ese suceso lo fortaleció y continuó siendo marxista-leninista. También fue expulsado del UMSA cuando el MNR, a través del rector Capra, copó esa casa superior de estudios.

Ese fue Cuetillo, compañero y camarada, que ni sus dolencias, luego de ese atraco que sufrió, doblegó su espíritu e ímpetu que siempre estuvo activo y con planes.

Cuetillo siempre nos acompañará con sus ideas, su actuación, su semblante, y su risa ante los dislates que aún vemos a diario.

*Historiador y periodista

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