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¿Cómo reconducir el proceso de cambio?

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De sábado a sábado (160) - Remberto Cárdenas Morales*

El Manifiesto político por la reconducción/ Por la recuperación del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo, difundido por ex funcionarios del actual gobierno, dirigentes sindicales y líderes indígenas, es una provocación para el debate (tan raro entre nosotros) y nos concede la oportunidad de opinar sobre la forma y especialmente respecto del contenido de aquella pieza ideológica y política, lo que haremos de la manera más fraternal y que esperamos sea un aporte en la discusión desencadenada.

 

Compartimos afirmaciones esenciales de aquel material, disentimos con otras, nos extraña el silencio sobre temas que no se deben ignorar (corrupción y narcotráfico) y, confiamos en que forjemos convergencias y que compartamos la formación de un nuevo movimiento social y político que es o debe ser mucho más que un frente por su extensión y por su profundidad.

Aquel grupo de "alzados" contra un orden que no buscaban ni buscamos, ni como pueblo ni como expresiones políticas ni como tendencias ideológicas, afirman que se abrió el proceso de cambio para transformar profundamente la injusta realidad..., para construir un nuevo Estado y una nueva sociedad "(...) donde todas las personas convivan en equidad, justicia, fraternal armonía, entre sí y con la gran comunidad de vida que expresa nuestra Madre Tierra".

Algunos de los firmantes de aquel documento en otro tiempo decían que en Bolivia se había inaugurado un "proceso revolucionario", ante lo que respondimos que, desde que el actual Presidente asumió su primer mandato, vivimos y/o protagonizamos reformas avanzadas y que no hubo ni hay ahora revolución democrática y cultural.

Así no comparta aquel grupo de dirigentes (porque entre ellos hay anarquistas confesos), en Bolivia contemporánea no existe revolución, al menos la clásica que es la que ha triunfado y triunfa en el mundo, sin que se destruya el viejo Estado y se construya uno nuevo. Esto quiere decir que la cuestión del poder (lo fundamental de toda revolución para Lenin) se ha resuelto en favor del pueblo, para decirlo de manera llana y como ocurrió, particularmente, con la Revolución cubana (triunfante hasta ahora) y con la Revolución sandinista derrotada, la que emerge de la guerra liberadora dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional).

En Bolivia que cambia, las Fuerzas Armadas ni siquiera son reformadas, es decir, aquéllas que fueron organizadas para cuidar la seguridad de un Estado burgués dependiente, ahora están encargadas de custodiar el nuevo Estado plurinacional comunitario el que existe, sostenemos nosotros, sólo en la propuesta, junto con una Constitución Política, con evidentes contradicciones en su texto (un programa de gobierno), a la que se viola, pero que constituye una reforma jurídica y política avanzada. Esta última apreciación, al parecer, la compartimos con el grupo de alzados los que, para muchos de nosotros, no son los "resentidos" que buscan mejorar sus acciones para retornar al gobierno, como dicen algunos.

Con los alzados coincidimos en que el gobierno "ha abandonado la construcción del Estado Plurinacional y Comunitario". Incluso compartimos la mayoría de los argumentos con los que tratan de mostrar ese abandono aunque de la falta de independencia de poderes, lo más rechazable es que los otros poderes ejecuten los dictados de los gobernantes.

Una deficiencia notoria del documento que comentamos es que dice medias verdades o entrega afirmaciones de las que todos los lectores debemos hacer una lectura propia y una interpretación ética. Ejemplo: Acerca de la construcción del nuevo Estado plurinacional y comunitario dicen que debió asegurar mayor participación de gente del pueblo en las decisiones y, además, que en el país haya "más democracia".

Sobre la democracia, en esos círculos se habló de la democracia ampliada, con lo que parafraseaban a Marx. Si se trata de la vieja democracia, entendida como una forma de dominación, no estamos de acuerdo. Pero si se trata de la democracia del pueblo, por el pueblo y con el pueblo que es la que hay en Cuba, según la definición de Fidel, este columnista y otros conmigo, compartimos el reclamo de que aquí debe haber más democracia.

Es probable que la exigencia legítima de más democracia y de mayor participación del pueblo en las decisiones aquellos amigos las hayan hecho antes mientras integraban el gobierno y, como sucede en este tiempo, ni siquiera les escucharon.

Otra pregunta nuestra tiene que ver con la autocrítica ausente en ese documento. Y quizá inaceptable de parte de ellos que digan que aquí no cambió nada. Esa afirmación les resta credibilidad a lo que dicen esos compañeros. Si fuera verdad que aquí no cambió nada, ¿por qué hablan de un proceso de cambio y por qué entonces integraron un gobierno que nada hizo para cambiar esta sociedad aún decadente que requiere transformaciones urgentes?

Ese grupo, integrado por un dirigente indígena con un comportamiento en apariencia indecoroso, lo que también mermaría la respetabilidad suya, menosprecia a todo tipo de partido del campo de la revolución, lo que se puede admitir como una diferencia, así como hay otras. Pero en el ámbito de la política es imposible conseguir unanimidad entre los que forzosamente son o somos diferentes porque tenemos intereses materiales dispares aunque no antagónicos y sostenemos ideas distintas, lo que no tiene que alarmarnos porque en el pueblo es más fuerte lo que nos une y es mucho menos lo que nos separa.

La consigna principal de los alzados es reconducir el proceso. Si entendemos bien el mensaje, aquellos compañeros nuestros (así los consideramos) sueñan, los sueños son vida, con que el proceso de cambio puede retomar su cauce y que el gobierno rectificará los rumbos equivocados.

Para ello habría que ejercer presión al estilo de los días que la gente del pueblo, en La Paz y El Alto, luchó contra el gasolinazo hasta derrotarlo, en sólo días.

Nosotros (del campo popular y del semanario Aquí) pensamos que con Evo Morales, los trabajadores y el pueblo (nosotros con éste), debemos articular una nueva alianza en base a un programa de veras democrático, popular y antiimperialista, para defender, consolidar y profundizar el proceso de cambio. Nueva alianza que debe rectificar errores del gobierno y del pueblo. Con el Presidente, a pesar de todo, es más fuerte lo que nos une, todavía, aunque son varios elementos de primera importancia los que nos distancian de él y de "su" gobierno.

La denuncia sobre el mal manejo de la economía por el gobierno, los cambios en la sociedad boliviana y las propuestas los comentaremos en la próxima nota de Sábado a sábado.

Ahora resulta pertinente decir (con los alzados) que la alternativa es la reconducción del proceso de cambio, la que sólo se puede impulsar con Evo (lo que parece muy difícil) o contra Evo. Otras combinaciones quizá surjan. En este momento sólo vemos aquellas dos y, nosotros, nos adscribimos, ahora, a la primera que parece una utopía con la que todavía podemos soñar.

La Paz, 25 de junio de 2011.

*Periodista

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