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Desbosque de la Chiquitanía: desde la dictadura de Banzer hasta el incendio con Evo Morales

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Editorial de Aquí 277

Los años 70, durante la dictadura de Banzer, el fuego de los hornos de fundición de Vinto fue alimentado por carbón vegetal, procedente de la Chiquitanía.

Entonces se talaban todos los árboles (chicos y grande), a los que se quemaba a medias para “producir” carbón, el que era sacado, todos los días, menos en período de lluvias, porque éstas impedían que operen los carros cargueros.
Un cruceño, que en ese tiempo comercializaba ese carbón, decía que los suelos quedaban “pelaus”, sin árboles, lo que daba pena, añadía.

Una investigación ayudaría a establecer el tiempo que duró aquel desbosque para producir el carbón vegetal y, seguramente, se podría estimar los alcances de esa acción arboricida, propia de enemigos de la naturaleza.

Ese informe sobre la “producción” de carbón vegetal, además, tendría que servirnos para imaginar lo que fue ese “bosque seco”, en tierras cálidas y húmedas, la mayor parte de las estaciones.

Aquel dato, asimismo, evidencia que la Chiquitanía tuvo y tiene vocación forestal de modo exclusivo o preponderante, lo que es una muestra de que el presidente Morales cae en una grave imprecisión, para decir lo menos, cuando asegura que en la Chiquitanía sólo en el 30 por ciento hay (o había) bosques y que en el 70 por ciento hay (o había) predios de chaqueo, para la siembra, por ejemplo, de frejoles.

Algo más para reafirmar la vocación forestal de la Chiquitanía: Una persona que fue gerente de la empresa siderúrgica del Mutún, hace poco, propuso utilizar carbón vegetal para alimentar los hornos para procesar el hierro y convertirlo en acero. Más de una vez ese técnico informó, asimismo, que el carbón vegetal sería de uso rápido, aunque no negaba que había que sacrificar el bosque de la Chiquitanía, y otros, y tampoco negaba que ese carbón hubiera sido mucho más contaminante que el gas natural, que no contamina,, como se sabe

Especialmente, Banzer, dictador, tuvo una enorme cuota como precursor de la depredación del bosque chiquitano.

Junto con Banzer, los sectores sociales dominantes de Santa Cruz, también tuvieron marcada culpa en aquella depredación.

Los pocos agricultores de esa región depredaron la Chiquitanía, pero en una proporción mucho menor que la que ocasionaron los que hicieron arder los árboles para convertirlos en carbón.

Ahora las llamas que acaban con la vegetación y con los animales silvestres en la Chiquitanía, según denuncias, fueron provocadas por los “chaqueadores” y por los focos de calor de este tiempo sin lluvias en esa región. Sin embargo, después de más de un mes de iniciado el voraz incendio, se hizo saber que un policía experto viajó a la zona para investigar la provocación o no del fuego. Decimos que se espera que esa investigación descubra y no encubra, como ha sucedido tantas veces.

Al presidente Morales, desde el CONADE (Comité de Defensa de la Democracia), lo definen como enemigo de la madre tierra. Y ese calificativo es acertado porque el primer mandatario, inconstitucional como es, se comportó y se comporta como un prodepredador consuetudinario.

En esta nota se podría ofrecer un inventario largo para mostrar las faltas de Morales, para patentizar que está entre los que en su gobierno sostienen que ellos están por el desarrollo del país, aunque se sacrifique la naturaleza.

Los gobernantes (el Vicepresidente lleva la delantera en esto), son los que plantean ampliar la frontera agrícola, lo que en castellano quiere decir derribar muchos árboles para sembrar más granos: actualmente, para elaborar biocombustible, y no para producir los alimentos de los que habló hace días el ministro de Desarrollo Rural y Tierras, César Cocarico.

Es que los inquilinos de la Casa Grande del Pueblo sólo difunden la necesidad de más tierras para sembrar más, porque en Bolivia la agricultura no es intensiva sino extensiva, es decir, se utilizan más suelos para cultivar, en vez de producir incluso más en menores espacios, si en éstos se emplean abonos adecuados, semillas seleccionadas, riego permanente, maquinaria agrícola que no dañe los suelos, etc.

Es igualmente criminal que un bosque sea derribado para sembrar en dirección contraria a las más elementales sugerencias de técnicos agrícolas y de abuelos que sí saben como se tiene que cultivar sin dañar la naturaleza o buscando que ese perjuicio sea el menor posible.

Otro ejemplo de una depredación que ya ocurre, es la que provocan los colonizadores, vecinos del TIPNIS, los que, abiertamente, han dicho que quieren más tierras en aquella reserva nacional y territorio indígena. Allí esos colonizadores quieren criar ganado y sembrar, como ya lo han hecho en las tierras que ocupan, las que han saqueado sin tasa ni medida.

De nuevo rememoramos que el Polígono 7, ahora es un suelo que produce coca porque es campo de colonización, el que fue parte del TIPNIS.

Últimos estudios confirman que si se acaba el TIPNIS disminuirían considerablemente las lluvias en Cochabamba e incluso en el altiplano. Por eso. lo que dijo varias veces García Linera, que los bolivianos “no somos guardabosques” de los países ricos, que son los principales responsables del cambio del clima en la tierra, es una afirmación de alguien que se las da de sabihondo, pero que es un irresponsable, cuyas afirmaciones no resistirían ningún debate.

Otro atentado en marcha contra la madre tierra. Si las empresas petroleras siguen operando en Tariquía (Tarija), también mermarían las lluvias sustancialmente, de acuerdo a estudios conocidos. Por ello, los lugareños afirman que con la pérdida de Tariquía, otra reserva nacional, las condiciones de vida de la gente del lugar y de sus vecinos, cambiarían negativamente, porque desaparecerían bosques, frutos, animales y, se perderían las lluvias y la biodiversidad.

En Pando, Beni y Santa Cruz, los gobernantes no dejan de regalar tierras a campesinos que a menudo no son agricultores. Además de que necesitan los votos de esos nuevos inmigrantes internos, requieren más agricultores en esos sitios, lo que determina depredación. Ciertas dotaciones de tierra, como las de San Ignacio de Velasco (Santa Cruz), se la hizo a migrantes, con preferencia, y, los de ese sitio quedaron postergados.

Sobre la tenencia de la tierra: un reportaje dio cuenta de que en la Chiquitanía habría compraventa, mercado de tierras.

Evo Morales no quiere declarar zona de desastre a la chiquitanía porque así él sigue apareciendo en el centro de la lucha contra los incendios y así se busca proyectar la falsa imagen de un país, el nuestro, con capacidad suficiente para enfrentar desastres, como el incendio o los incendios, en la Chiquitanía y en otros lugares.

Un simulador como es Evo Morales no quiere, además, que se diga que Bolivia es un país que pide limosna.

Marales, de esa manera, hace algo similar a lo hecho por el Presidente de Brasil, que rechazó los 20 millones de dólares que los países del G7 donaron para combatir las llamas de la Amazonia.

Se refuerza este supuesto porque el Gobernador de Tarija refirió que el gobierno federal de Jujuy (Argentina) ofreció dos aviones grandes para ayudar a sofocar el fuego en Chiquitos, pero que esperaban una autorización del gobierno boliviano, la que no llegó a tiempo y, por tanto, esos aviones fueron enviados con similar misión a Paraguay y a Brasil. El canciller de nuestro país ha respondido que el gobierno argentino, ante una consulta suya, señaló que no dispone de aviones y que a cambio mandará dos centenares de bomberos. Cuál será la verdad, preguntamos.

Aquí, no afirma que Evo Morales es el único responsable de los incendios en la Chiquitanía —pero añade que es el principal— y desde Aquí se los mira con indiferencia y se pasa, a los que le agradecen al Presidente porque, supuestamente, muestra interés como ninguno para acabar con los incendios, cuyos estragos sólo serían repuestos en 300 años, como afirman los biólogos bolivianos.

Por el fuego en la Chiquitanía perdemos todos los bolivianos. Y los que estamos en guardia verdadera respecto de la madre tierra, observamos con fundada desconfianza, esa pausa ecológica temporal propuesta, porque la opinión de los biólogos nos tiene que convencer de que muchos compatriotas (y hasta los gobernantes) no veremos regenerado el “bosque seco” chiquitano, lo que es otra señal convincente de que la pérdida de la vida vegetal y animal, la padecemos y la padeceremos lo que nos queda de vida a muchos bolivianos. Y, asimismo, esa es una lamentable herencia que dejaremos —sin buscarla— a las nuevas generaciones que pagarán los platos que otros rompieron.

Por eso tiene mucho sentido aquel mensaje, que se difunde estos días: El 20 de octubre los electores vengarán a la Chiquitanía.

De nuestra parte agregamos, con una ligera modificación de la letra, el estribillo de la conocida canción boliviana: “Y los bosques te contestan: lo que has hecho estás pagando”, como anticipo a lo que llegaría en octubre, y por las deudas acumuladas, del principal gobernante (incluidas las ecológicas) en los 14 últimos años.

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