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¿Quiénes votaron por Morales y quiénes defienden su “victoria electoral fraudulenta”?

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editorial de Aquí 286

Los principales electores de Juan Evo Morales Ayma y Álvaro Marcelo García Linera, además de los militantes y simpatizantes del Movimiento Al Socialismo (MAS), están cocaleros, del Chapare casi todos; campesinos; colonizadores; cooperativistas-empresarios mineros; contingentes de asalariados y trabajadores por cuenta propia; grupos de empresarios pequeños, medianos y grandes (criollos y “transnacionalizados”), con los que el Presidente tiene pactos, entre otros, con los de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO); sectores populares, beneficiarios, directos e indirectos, de las prebendas (coimas) concedidas por el oficialismo…

Esa votación es parte del denominado “voto duro” del MAS (entre el 30 y el 35 por ciento), según Morales, dato reiterado por éste varias veces.

A esa votación —de la que no hay cifras ni aproximadas ahora—, se suman los votos fraudulentos que señalamos: los depositados en distintos lugares con carnet de identidad ilegales; los que han sido registrados para

Evo-Álvaro sin haber sido emitidos; los que han sido restados a los opositores y adicionados a los oficialistas; los de supuestos o reales comunarios, incluso los no consentidos por ellos, allí donde los masistas no tuvieron vigilancia de otros partidos o de jurados de las mesas receptoras; los que arrebataron a los otros contendientes y que fueron transferidos al binomio oficialista…

Aquellos sectores han emitido sus votos en función de sus intereses materiales, ideas políticas, ubicación social y raíces culturales.

Esos grupos aportaron a la reproducción del poder político de los actuales gobernantes, de Evo Morales, especialmente.

A manera de ejemplos anotamos: los cocaleros, con su participación electoral, apoyaron a Evo-Álvaro para contar con licencia para plantar más coca, a pesar de que la mayor parte de aquella hoja verde del Chapare se destina a la elaboración de cocaína o mejor dicho la sobreproducción de ese arbusto asegura la materia prima para esa industria ilegal.

Los campesinos, con su acción electoral, esperan mantener las concesiones de Morales en su favor, como más tierras regaladas, también para que en ellas cultiven peones agropecuarios (semiproletarios y/o proletarios).    

Los colonizadores —es desacertado llamarlos interculturales— han sido favorecidos con tierras gratuitas, con las que han agrandado las que tenían, y a las que degradan, incluso con chaqueos en suelos con vocación forestal y no agropecuaria.

Los cooperativistas-empresarios mineros esperan que, con Morales en la Casa Grande del Pueblo, otra vez, aquél les facilite más reservas mineras fiscales para saquearlas, como sucede ya con las colas y los desmontes de Catavi-Siglo XX, una de las reservas más importantes de estaño del país. Deben aguardar, asimismo, otros obsequios del Presidente, como las volquetas ya entregadas.

Los pocos asalariados mineros, con Evo-Álvaro reelegidos, quieren mantener los aumentos salariales logrados en el actual período gubernamental, aunque las minas estatales, como la de Huanuni, arrojen pérdidas y/o para cobrar una renta de jubilación no menor a Bs3.500, y esas “conquistas” las saborean, pese a que esos obreros

abandonaron la lucha por una nueva nacionalización de las minas.

Los trabajadores por cuenta propia creen que en los últimos 13 años han mejorado sus condiciones laborales y sus ingresos, lo que debe ocurrir con algunos de esos grupos, como los que venden ropa usada, actividad comercial que daña a la industria boliviana, de acuerdo a los empresarios afectados, pero parece que la mayoría de aquellos comerciantes prefieren la prolongación del poder de Morales-García, más allá de sus quejas ante la desatención a sus demandas por el régimen imperante.

Los empresarios, en todos sus segmentos, con su socio Morales, confían que seguirán con sus negocios en los que ganan, y pocas veces dejan de ganar, pero no pierden, mas cuando advierten que dejan de contabilizar utilidades se declaran en quiebra para precautelar sus capitales o cierran sus empresas.

Varios empresarios, además, ganarían con Morales o con otro candidato vencedor, como sucedió casi siempre en el país.

Los grupos populares, electores de Morales-García, todavía consideran que viven mejor o bien en el llamado proceso de cambios, dentro del que muchos de esos compatriotas reciben pagos inmerecidos cuando llegan a las ciudades a respaldar al presidente Morales o se apropian de lo que sobra de los proyectos, mal administrados como el Plan Mi Agua, o con dinero para viviendas, lo que se define como asistencialismo, lo que está muy lejos de una verdadera revolución popular.

Los militantes del MAS, comprendidos los empleados públicos, entre ellos, resulta natural que apoyen a su jefe político. Muchos de ellos, además, así cuidan su trabajo, el que es un derecho. Sin embargo, quizá no sabremos nunca cuántos de ellos han ejecutado alguno de los tipos de fraude denunciados, el que es más que una sospecha porque hay pruebas, algunas de las que han sido publicadas, como las resultantes de la manipulación informática.

Los dirigentes de los movimientos sociales están entre los que, con cierto fanatismo, votaron y estos días defienden la “victoria fraudulenta” de Morales-García; defensa asumida con violencia para infundir miedo a los que demandan, ahora, la anulación de las elecciones del 20 de octubre. Sin embargo, esos dirigentes, además de contar con apoyo político de los gobernantes, disponen de dinero para sus movilizaciones, cuyo sobrante se embolsillan, sin duda alguna.

Esos son los disminuidos electores, agregados los votos fraudulentos que han sido “regalados” a Evo Morales y Álvaro García.

Los electores de los candidatos oficialistas tienen, pues, mucho que perder, si se anularan las elecciones del 20 del mes pasado. Esos movimientos sociales, asimismo, defienden como lo hacen la “victoria fraudulenta” de

Morales-García, para preservar el cargo sindical que les trae ingresos personales extralegales y a veces familiares más.

Conmueve también que varios de esos dirigentes se parezcan a los mercenarios que se enrolan en guerras a cambio de un sueldo, incluido un seguro de vida Algunos de aquéllos deben sentirse como el pez en el agua durante el desempeño de ese papel de quienes tienen vendido el apoyo a Morales. Sin embargo, debe haber otros que tienen columna vertebral y ni se parecen a los moluscos que, además de que carecen de una espina dorsal, se arrastran por el suelo.

He ahí los electores de Morales-García y a la vez defensores con rebatibles frases, como aquella mentirosa que, supuestamente, defienden el voto de los campesinos que citadinos “antiindígenas”, en apariencia. desconocen.

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