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La “autonomía universitaria” es más que una consigna

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tribuna

A 89 años de su funcionamiento, es menester practicarla como tal

Julián Alcoba Apaza

En los últimos años se ha utilizado, al concepto de “autonomía universitaria”, como una consigna sin contenido. Es decir, sin significado en su significante. Puesto que, a ésta se la utiliza como palanca para beneficios particulares, como ser el ascenso de grupos sectarios y/o dogmáticos a la política nacional. Por ejemplo, basta recordar por cuáles factores luchaban los precursores del libre gobierno universitario: “La autonomía integral (…) [es] la única capaz de asegurar el divorcio definitivo entre la política partidista y los altos intereses de la Universidad” (Programa de Principios de la Federación Universitaria Boliviana-1928, Pág., 14).

Así que no discutiremos si son zurdos o diestros, en el plano ideológico quienes consiguen el ascenso utilizando como instrumento a la Universidad, actualmente. Nos referimos a dicho concepto como proceso histórico en el territorio boliviano. A ello añadimos dos características que es preciso mencionar.

Un primer momento que no se debe obviar es entender la autonomía universitaria como conquista, como pelea, como disputa entre universitarios (profesionales y docentes) contra docentes y funcionarios, que estaban en favor de un régimen centralista universitario, por un lado, y, por otro, con un gobierno que hacía y deshacía en las universidades hasta ese periodo de consolidación.

Las/los estudiantes pugnaban por más presupuesto destinado a investigación, a la plena actividad de docentes y apertura de paralelos (cursos), a la libre competencia, que sea transparente y justa, a la libre expresión de ideas, al autogobierno de sus recursos; y, pues, otro aspecto fundamental es el cogobierno, la libertad de tomar decisión del estudiante juntamente con el docente. Es decir, que se ejerza de manera plena el libre gobierno docente-estudiantil. Puesto que, estas prácticas se manifestaban, y esto se las puede ver ahora: cómo funciona el mecanismo, aunque desprestigiado en las distintas carreras, actualmente, en reuniones entre docentes y estudiantes.

Un segundo momento son las prácticas que tocan realizar ahora. Es decir, las prácticas a hacer valer de manera adecuada la autonomía universitaria. Pero a la vez recordar a estudiantes que dieron su vida llevando como bandera la autonomía universitaria, en los hitos que se recuerdan. Por ejemplo, en 1964, 1967, 1968, 1970, 1971, todo el periodo del régimen de Banzer; 1979, 1980, entre otros.

Aunque nos pese aceptar lo que hicieron esos estudiantes y otros en su manifiesto liminar de la Universidad Nacional de Córdoba que “las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y, lo que es peor aún, el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara”. Ahora siguen vigentes las ideas mencionadas hace 101 años en esa ciudad argentina. A esto sumamos que en cada carrera, en menor o mayor grado, se repite lo mismo sin ser resuelto ni por autoridades ni por dirigentes estudiantiles ni universitarios hasta este año.

Estudiantes bolivianos (y extranjeros) que vean, recuerden o hayan visto repetir en el periodo actual esas mismas prácticas son fiel reflejo de esos estudiantes que lucharon hasta derrocar y lograr esa autonomía universitaria. Ahora toca ejercerlas por su forma y su contenido. Es necesario practicarla para que la Universidad Boliviana no empeore. De cada estudiante dependerá si se reproducen aún dichas prácticas.

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