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El voto de fuego del 20 de octubre

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tribuna

Hernán Cabrera M.*

Definitivamente el voraz incendio en la Chiquitania es un golpe bajo. Duro y fuerte. Tremendo para el poder. Con seguridad repercutirá en el proceso electoral y quemará cientos de votos.

Así lo han asumido desde el poder. Desde la Casa del Pueblo, donde se planifican y se vienen ejecutando las acciones de mitigación al daño político, no ambiental, que está generando este “indeseable” incendio, de esta “malagradecida” Madre Tierra, que justo a poco de dos meses de las elecciones generales nos trae esta tragedia. En mala hora.

Tragedia que pudo evitársela y prevenir. Ya llegará la hora de las responsabilidades y de las sanciones; aunque los actores nacionales, departamentales y municipales se están acusando entre ellos, tratando de quemarse lo menos que puedan. No les interesan los árboles quemados, los animales muertos, la degradación del suelo, la posible contaminación de las aguas. Solo les interesa salvar sus deterioradas imágenes públicas y quedar bien ante los otros poderosos.

El poder nacional lo entiende, sabe y está convencido que este incendio es el golpe más mortífero y desagradable que está recibiendo el presidente y candidato Evo Morales. Por ello han activado todos los mecanismos para protegerlo y salvarlo de toda responsabilidad. Que no se queme mucho.

El sentimiento colectivo en Santa Cruz se viene expresando en las redes sociales, en reuniones de familia, de amigos, en las aulas, en oficinas, en las calles, que señala que el responsable es el presidente Morales y sus medidas de apoyo a la expansión agrícola, ganadera y de asentamientos humanos en la Chiquitania y otras zonas vulnerables.

El poder ha captado el mensaje claro y desfavorable para su plan de la reelección. No hay como mentir ni manipular ni ocultar a estas alturas lo ocurrido con el voraz incendio. El país y la comunidad internacional han observado y han llorado por los graves efectos y daños que ha provocado este fuego que se expandió.

Paradójicamente la Madre Tierra tiene un trato preferencial en la Constitución Política y en leyes, y el poder se llena la boca de discursos que proclamaban que somos pachamamistas y defensores de ella; pero hoy en día, esa madre está dando un feo y certero golpe electoral. Ni los escándalos del Fondo Indígena, el caso Zapata, el robo millonario al Banco Unión, las barcazas chinas, los taladros, ni el tráfico de influencias han incitado tanto malestar y dolores de cabeza al poder, que está haciendo de todo para revertir los efectos colaterales de los incendios en Santa Cruz.

El incendio en la Chiquitania se hará sentir el 20 de octubre, y configurará un nuevo mapa electoral. Precisamente por ello, es que el poder está desplegando, desde el Ministerio de Comunicación, una estrategia fuerte y millonaria de una campaña publicitaria en las redes sociales, en las cadenas de Tv, en los periódicos para tratar de volcar la opinión pública, en el sentido de que ellos han hecho de todo contra el incendio y que son los más querendones de la Madre Tierra.

Todo el poder está movilizado y haciendo uso de los instrumentos políticos y comunicacionales para revertir este momento, uno de los más delicados y peores que enfrenta el gobierno central. Desde la aparición de Evo Morales como bombero, apagando algunas brasas, pasando por las desesperadas declaraciones de algunos ministros, las metidas de pata de una ministra, la contratación del Supertanker, hasta el sorpresivo y grotesco anuncio de que algunos sectores sociales, apuntados como los que sostienen al Gobierno, harán una concentración en Roboré, dicen para demostrar su cariñito a la Madre Tierra.

Una concentración no apagará los fuegos ni reparará los irreversibles daños de esa vapuleada y violada Madre Tierra de la Chiquitania. Nos pasará factura.

*Hernán Cabrera M. es periodista y ex delegado defensorial Santa Cruz.

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