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Estado laico y Corpus Christi

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Rafael Puente*

viernes, 12 de junio de 2020 

Llama la atención que en un Estado laico (como debiera ser todo Estado) se siga celebrando, en calidad de feriado nacional, la fiesta del Corpus. Nos imaginamos que ningún funcionario estatal, empezando por la Presidenta en ejercicio (con sus afanes religiosos), estaría en condiciones de explicarnos en qué consiste esta fiesta religiosa; y el hecho de que sea tan respetada nos viene a confirmar el carácter profundamente superficial y formalista de nuestras festividades religiosas y de nuestra supuesta fe cristiana…

Parece que allá en el siglo XII, un sacerdote católico, en plena celebración de la Eucaristía, nada menos que en el momento de la consagración, fue atacado por inmensas dudas de fe (sintiendo muy dudoso eso de que el pan y el vino se estuvieran convirtiendo en el cuerpo y sangre de Cristo). Y cuenta la tradición que, como respuesta divina a sus dudas, en ese momento el cáliz (que contenía vino para la consagración) empezó a rebalsar sangre (se supone que sangre de Cristo), y que el sacerdote en cuestión recuperó la fe… 

Como anécdota puede ser interesante, para quien quiera creerla, pero desde un punto de vista teológico es un disparate. Por lo que sabemos, la verdadera fiesta cristiana en la que se recuerda y venera el cuerpo de Cristo es el Jueves Santo (lo que no quita que se trata de una celebración para aquellos que comparten esa fe, que no deja de ser un asunto privado).

¿Realmente se justifica que esos hechos —tan antiguos como dudosos— vengan a ser recordados como fiesta religiosa oficial de la Iglesia Católica? No lo parece, pero la Iglesia como institución sabrá lo que cree, y lo que pretende hacer creer a sus fieles. Pero que el Estado (que por principio debe ser independiente de toda creencia, a la vez que respetar todas las creencias) mantenga la importancia del Corpus Christi, al extremo de declararlo feriado nacional, es difícil de entender. Y, sin embargo, acabamos de celebrar ese feriado estatal que no tiene justificación.

La actual Presidenta, tan cristiana ella, debiera ser la primera en cuestionar ese feriado (que es concretamente una tradición católica). Pero así nomás estamos, manteniendo celebraciones de las que no tenemos conciencia clara y cuyo origen y contenido son profundamente cuestionables. ¿Qué porcentaje de la población que ayer estaba celebrando ese feriado tiene ideas claras respecto de su origen y contenido? Por supuesto todo el mundo es libre de celebrar lo que crea conveniente, pero de ahí a que el Estado se pronuncie sobre esas expresiones privadas de fe, hay un abismo.

Pero además de la incoherencia de parte del Estado, lo que todo esto está expresando es la superficialidad de la supuesta “fe cristiana” que se supone profesa la mayoría de nuestra población; claro que ése es su problema. Lo que no se justifica es que ese tipo de creencias, por muy respetable que sea, se convierta y mantenga como feriado nacional, válido para católicos, evangelistas, ateos y portadores de otras creencias. 

En el fondo, lo que probablemente pasa es que a nadie le viene mal un feriado, por consiguiente lo celebramos sin molestarnos en saber si tiene sentido.

¿O qué piensan ustedes, queridos lectores y lectoras?

*Es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.

(Publicado en el periódico Pagina Siete el 12 de junio de 2020)

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