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El racismo: un mal no superado en Bolivia

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Se acentúa en tiempos de Pandemia

Manuel Gonzales Callaú

domingo, 9 de agosto de 2020

El Movimiento Al Socialismo (MAS) en el curso de 14 años en el gobierno ha adquirido las peores mañas de todos los partidos en gestión de gobierno que le precedieron. La maniobra, la mentira, el chantaje, la victimización, la corrupción entre otros, fueron y siguen siendo sus recursos para mantenerse vigente en el escenario político.

Las promesas electorales de este partido, desde antes del 2006, que se definía de izquierda han ido cayendo en saco roto con el trascurrir del tiempo. La lucha contra la corrupción, el narcotráfico, el contrabando, la delincuencia quedaron en promesas; lo mismo sucedió con la promesa de respeto a los derechos humanos y de que no habría ni un muerto en su gestión o que gobernarían cumpliendo fielmente la Constitución Política del Estado o que respetarían la independencia de los poderes del Estado hoy llamado órganos.

Al incumplimiento del masismo a sus promesas se suma la victimación, a la que recurrieron y recurren cuando la sociedad les reclama la obediencia a las leyes. Esta permanente victimación se refugia, principalmente, en la condición étnica de su jefe y de varios de los dirigentes que controlan muchas organizaciones sindicales y sociales.

Recurrir al recurso étnico-racial tiene un tinte racista ya que durante los 14 años que gobernó Evo Morales, él y los principales jerarcas difundieron un discurso revanchista, excluyente y discriminador, sobre todo cuando señalaban que los indígenas —y solo ellos— son la reserva moral del país, cuando alentaban sistemática y permanentemente la revancha contra los k’aras o blancoides descendientes de los conquistadores. El discurso masista solo visibilizó el racismo que aparentemente habría desaparecido en el tiempo gobernado por el MAS, pues por un lado tanto Morales como los García Linera y muchos voceros de su régimen solo alentaron el odio, la revancha y la venganza y por otro, los que se consideran “blancos” discriminaron y siguen discriminando a la población indígena y mestiza, ocultando muchos de ellos sus orígenes.

Hoy en medio de la Pandemia del Covid-19 que nos azota, el masismo no cesa de victimizarse, alimentando más y más el racismo que está agazapado y que no pudo ser superado en la sociedad boliviana.

Si el MAS hubiera hecho, en 14 años que tuvo el poder absoluto, solo un poco de lo que hizo Nelson Mandela en Sudáfrica —impulsando políticas estatales de reconciliación, propagando el respeto, la igualdad, la no discriminación, la unidad, la armonía— no estaríamos ahora pasando estos momentos de discordia.

El revanchismo racial que tiene Morales hace que incluso en este período de crisis sanitaria siga emitiendo mensajes de odio y venganza, dando instrucciones para efectivizar acciones de destrucción, asfixia, bloqueos, violencia y muchos males más hacia quienes se niegan y se negaron a amarrarle los guatos de sus zapatos.

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